lunes, 4 de agosto de 2008

Cronica de un asalto... el mío

Hoy me asaltaron. Sobre una calle por la cual he pasado cientos de veces, de madrugada o en condiciones sumamente más tenebrosas. Hoy, a plena luz del día me asaltaron.

Perdonen por usar el lugar común, pero necesito usarlo: “por fortuna”, el tipo fue un profesional. Cuando me di cuenta que me iba a asaltar, fue demasiado tarde. Me enseñó la fusca que portaba en la cintura y me pidió lo que traía. Le di mi cartera instintivamente. Me preguntó cuánto traía, mientras la revisaba. Me preguntó por lo que traía en la mochila, le dije que mi ropa, mientras le mostraba el interior con un suéter. No me la quitó. Me dijo afirmando que traía celular y ipod, en tono de que se lo diera. Traía los audífonos colgando del cuello, no pude ocultarlos. También por instinto, saqué el ipod de mi bolsillo, le desconecté los audífonos, y se lo entrego. Cuando me doy cuenta de lo que acabo de hacer, observo que él no se inmuta. Me deja los audífonos. Se da por servido y no averigua si hay celular que hurtar. Ante mi sorpresa, me regresa la cartera diciéndome: “toma tu cartera”. No lo puedo creer. Me pide ir en sentido contrario a mi afluencia y, en muestra de que aún queda algo de inocencia en mí, le digo: “es que yo voy para el otro lado…” (sic). Él ya está a algunos metros de distancia cuando me repite a qué dirección irme. Camino hacia donde me indica hasta que lo veo desaparecer al final de la calle. Reviso mis cartera y veo que sólo se llevó el dinero, y que dejó, no sé si por “buena onda” (sic) o porque no lo vio, un billete de cincuenta.

Al hacer el recuento, me doy cuenta que no me dolió tanto el perder el ipod y el dinero (como trescientos pesos), sino que me quedo con el susto de lo que se pudo haber llevado: traía la lap, un boleto que acababa de comprar, mis recibos, una tarjeta de crédito y la de débito. Tuve suerte (sic).

No sé si es reacción humana normal el empezar a pensar en “premoniciones”, el caso es que comencé a especular sobre ellas: hace una semana platicaba con una amiga de la inseguridad de la zona donde vivimos, de que a mi ex cuñado lo intentaron asaltar por un puente peatonal por el que he cruzado n veces. Comentó sobre el hecho de que yo traía la lap para todos lados, y mi respuesta : “es que no puedo estar saliendo pensando en que me van a robar”. En que ayer otra amiga me cuestionó si mi celular era nuevo. “No, es el que compré después de que me asaltaron”. Hoy mi jefe me pidió estar pendiente del celular por si se necesitaba que fuera de emergencia al trabajo.

Siempre he creído que las cosas pasan por algo. Ahora veo que tomé riesgos, y que, por desgracia, es inseguro que traiga la compu de aquí para allá. Pero lo que más me deja reflexionando es que, mientras eso ocurría, había gente viendo. Les hice señas, vi que las vieron y no hicieron algo. Por colusión o por temor, pero hicieron nada. Yo no vi cómo podían sentirse amenazados –estaban a una distancia considerable –y como si nada. No voy a hacer usos del sobadísimo discurso de que en este país todo está de la verga (que lo está), que tampoco se puede confiar el la policía (que es cierto) y que ya no se puede vivir en paz (ídem); sino a que esto está así porque nosotros hemos hecho nada para solucionarlo. Todos. No nos importa la seguridad hasta que se nos toca. No se hacen marchas por la paz hasta que no hacen secuestros en perisur o santa fe. Nos ha dejado de importar el otro (si es que alguna vez nos importó). Y dudo mucho que eso cambie. Ahora me pregunto si yo haría algo si viera que están asaltando a alguien más, por lo menos llamar a la policía. En este momento digo que sí, pero la verdad es que en esos instantes cualquier cosa puede pasar.

PD. Si alguien se lo preguntaba, escribí esto en casa y me lo llevé en una USB a publicarlo desde un café internet.

domingo, 8 de junio de 2008

Death Proof

Si alguien supo cuándo y cómo se estrenó Death Proof en México, ese no fui yo.
Por mera casualidad la encontré en cartelera. En tres cines y sólo en uno con funciones todo el día. Me trasladé a dicho complejo y por fin pude verla después de una larga espera.
Por desgracia, no vi Grindhouse, sólo Death Proof. Me explico. Grindhouse, para aquellos que no lo sepan, fue un proyecto de la dupla Tarantino-Rodríguez que consistía en dos películas en una, en honor a las funciones dobles de películas serie B en los 70’s. Las películas en cuestión son Planet Terror y Death Proof, de Rodríguez y Tarantino, respectivamente. Además, en dicha presentación se incluían cuatro trailers falsos: “Thanksgiving” de Eli Roth, “Machete” de Robert Rodriguez, “Werewolf Women of the SS” de Rob Zombie y “Don’t” de Edgar Wright.
Quien distribuye Grindhouse en México decidió, supongo que debido al fracaso de taquilla del proyecto en EUA, exhibir por separado ambas películas, además de en tiempos distintos.
Primero nos llega Death Proof, y debo advertir que es una de esas cintas para las cuales se necesita un bagaje previo. Diría que es necesario ser fan de Tarantino a priori y que se debe tener conciencia de los porques de “A prueba de muerte”. Estamos ante un churro setentero intencional. Y ese es precisamente el encanto.
Es una película sumamente tarantinesca: los diálogos, la acción. Pastiches. Intertextos. Sountrack arqueológico. Amazonas. Sangre sólo como Tarantino la puede plasmar.
Desde mi particular punto de vista, el filme tiene dos secuencias sumamente formidables: LA ESCENA del choque (Tarantino a su máxima expresión).


Y el baile de la mariposa, perpetrado por la bella Vanessa Ferlito.


Dicho sea de paso, del poema de Robert Frost, “Stopping by Woods on a Snowy Evening” se modificó un extracto para dar pie a esta última secuencia. He aquí el poema original.

Stopping By Woods On A Snowy Evening

Whose woods these are I think I know.
His house is in the village though;
He will not see me stopping here
To watch his woods fill up with snow.
My little horse must think it queer
To stop without a farmhouse near
Between the woods and frozen lake
The darkest evening of the year.
He gives his harness bells a shake
To ask if there is some mistake.
The only other sound's the sweep
Of easy wind and downy flake.
The woods are lovely, dark and deep.
But I have promises to keep,
And miles to go before I sleep,
And miles to go before I sleep.

Y aquí el extracto usado:

The woods are lovely, dark and deep.
But I have promises to keep,
And miles to go before I sleep.
Do you listen me, butterfly?
And miles to go before I sleep.

En resumen, Death Proof es una cinta que a muchos no les agradará, pero a quienes la entendemos, nos resulta una maravilla.

sábado, 5 de abril de 2008

Control


Puedo asegurar que una película te puede atrapar de muchas formas. Hay filmes en los que dejas atrás su drama y te quedas maravillado por otra o varias de sus partes. A veces puedes explicar qué fue lo que te agradó, otras no; y los parámetros van desde los efectos especiales hasta la dirección, pasando por la banda sonora, el arte, la fotografía, la edición, la producción, las actuaciones… en fin, la serie de aspectos intrínsecos o referenciales con que las obras nos producen encanto son innumerables.

Hace unas horas vi Control y salí cautivado de la sala. Si bien el guión y las actuaciones son lo suficientemente sólidas como para sustentar la película, el motivo de mi embelesamiento provenía de otros dos motivos: el uso de las canciones de Joy Division como elementos de narración, y, principalmente y no mejor dicho de otra forma, por lo que acababa de ver.

Las imágenes de esta opera prima Anton Corbijn están impregnadas de suma belleza. Cada toma, cada encuadre, nos regala una preciosa fotografía cuya composición e iluminación, aunados a la melancolía que les da estar en blanco y negro, deleitan al espectador. Las secuencias de las presentaciones de la banda parecen, y lo son de cierta forma, los tiros de una cámara fotográfica de las sesiones musicales de las huestes de Ian Curtis, en donde imagen y sonido no compiten, se complementan. Uno realmente se conmueve ante tantas tomas hermosas, una tras otra, sin caer jamás en el hastío.

Aunque este trabajo de Corbijn es obvio que apunta a un nicho, en donde se requiere que en el espectadores sepa, por lo menos, quiénes fueron Joy Division e Ian Curtis, los amantes del cine, en general, hallarán en Control un buen motivo para pasar dos horas en el cine viendo algo que, sencillamente, puede definirse como una bellísima película.

Por cierto, al final se suicida Ian Curtis…