Hoy me asaltaron. Sobre una calle por la cual he pasado cientos de veces, de madrugada o en condiciones sumamente más tenebrosas. Hoy, a plena luz del día me asaltaron.
Perdonen por usar el lugar común, pero necesito usarlo: “por fortuna”, el tipo fue un profesional. Cuando me di cuenta que me iba a asaltar, fue demasiado tarde. Me enseñó la fusca que portaba en la cintura y me pidió lo que traía. Le di mi cartera instintivamente. Me preguntó cuánto traía, mientras la revisaba. Me preguntó por lo que traía en la mochila, le dije que mi ropa, mientras le mostraba el interior con un suéter. No me la quitó. Me dijo afirmando que traía celular y ipod, en tono de que se lo diera. Traía los audífonos colgando del cuello, no pude ocultarlos. También por instinto, saqué el ipod de mi bolsillo, le desconecté los audífonos, y se lo entrego. Cuando me doy cuenta de lo que acabo de hacer, observo que él no se inmuta. Me deja los audífonos. Se da por servido y no averigua si hay celular que hurtar. Ante mi sorpresa, me regresa la cartera diciéndome: “toma tu cartera”. No lo puedo creer. Me pide ir en sentido contrario a mi afluencia y, en muestra de que aún queda algo de inocencia en mí, le digo: “es que yo voy para el otro lado…” (sic). Él ya está a algunos metros de distancia cuando me repite a qué dirección irme. Camino hacia donde me indica hasta que lo veo desaparecer al final de la calle. Reviso mis cartera y veo que sólo se llevó el dinero, y que dejó, no sé si por “buena onda” (sic) o porque no lo vio, un billete de cincuenta.
Al hacer el recuento, me doy cuenta que no me dolió tanto el perder el ipod y el dinero (como trescientos pesos), sino que me quedo con el susto de lo que se pudo haber llevado: traía la lap, un boleto que acababa de comprar, mis recibos, una tarjeta de crédito y la de débito. Tuve suerte (sic).
No sé si es reacción humana normal el empezar a pensar en “premoniciones”, el caso es que comencé a especular sobre ellas: hace una semana platicaba con una amiga de la inseguridad de la zona donde vivimos, de que a mi ex cuñado lo intentaron asaltar por un puente peatonal por el que he cruzado n veces. Comentó sobre el hecho de que yo traía la lap para todos lados, y mi respuesta : “es que no puedo estar saliendo pensando en que me van a robar”. En que ayer otra amiga me cuestionó si mi celular era nuevo. “No, es el que compré después de que me asaltaron”. Hoy mi jefe me pidió estar pendiente del celular por si se necesitaba que fuera de emergencia al trabajo.
Siempre he creído que las cosas pasan por algo. Ahora veo que tomé riesgos, y que, por desgracia, es inseguro que traiga la compu de aquí para allá. Pero lo que más me deja reflexionando es que, mientras eso ocurría, había gente viendo. Les hice señas, vi que las vieron y no hicieron algo. Por colusión o por temor, pero hicieron nada. Yo no vi cómo podían sentirse amenazados –estaban a una distancia considerable –y como si nada. No voy a hacer usos del sobadísimo discurso de que en este país todo está de la verga (que lo está), que tampoco se puede confiar el la policía (que es cierto) y que ya no se puede vivir en paz (ídem); sino a que esto está así porque nosotros hemos hecho nada para solucionarlo. Todos. No nos importa la seguridad hasta que se nos toca. No se hacen marchas por la paz hasta que no hacen secuestros en perisur o santa fe. Nos ha dejado de importar el otro (si es que alguna vez nos importó). Y dudo mucho que eso cambie. Ahora me pregunto si yo haría algo si viera que están asaltando a alguien más, por lo menos llamar a la policía. En este momento digo que sí, pero la verdad es que en esos instantes cualquier cosa puede pasar.
PD. Si alguien se lo preguntaba, escribí esto en casa y me lo llevé en una USB a publicarlo desde un café internet.
Perdonen por usar el lugar común, pero necesito usarlo: “por fortuna”, el tipo fue un profesional. Cuando me di cuenta que me iba a asaltar, fue demasiado tarde. Me enseñó la fusca que portaba en la cintura y me pidió lo que traía. Le di mi cartera instintivamente. Me preguntó cuánto traía, mientras la revisaba. Me preguntó por lo que traía en la mochila, le dije que mi ropa, mientras le mostraba el interior con un suéter. No me la quitó. Me dijo afirmando que traía celular y ipod, en tono de que se lo diera. Traía los audífonos colgando del cuello, no pude ocultarlos. También por instinto, saqué el ipod de mi bolsillo, le desconecté los audífonos, y se lo entrego. Cuando me doy cuenta de lo que acabo de hacer, observo que él no se inmuta. Me deja los audífonos. Se da por servido y no averigua si hay celular que hurtar. Ante mi sorpresa, me regresa la cartera diciéndome: “toma tu cartera”. No lo puedo creer. Me pide ir en sentido contrario a mi afluencia y, en muestra de que aún queda algo de inocencia en mí, le digo: “es que yo voy para el otro lado…” (sic). Él ya está a algunos metros de distancia cuando me repite a qué dirección irme. Camino hacia donde me indica hasta que lo veo desaparecer al final de la calle. Reviso mis cartera y veo que sólo se llevó el dinero, y que dejó, no sé si por “buena onda” (sic) o porque no lo vio, un billete de cincuenta.
Al hacer el recuento, me doy cuenta que no me dolió tanto el perder el ipod y el dinero (como trescientos pesos), sino que me quedo con el susto de lo que se pudo haber llevado: traía la lap, un boleto que acababa de comprar, mis recibos, una tarjeta de crédito y la de débito. Tuve suerte (sic).
No sé si es reacción humana normal el empezar a pensar en “premoniciones”, el caso es que comencé a especular sobre ellas: hace una semana platicaba con una amiga de la inseguridad de la zona donde vivimos, de que a mi ex cuñado lo intentaron asaltar por un puente peatonal por el que he cruzado n veces. Comentó sobre el hecho de que yo traía la lap para todos lados, y mi respuesta : “es que no puedo estar saliendo pensando en que me van a robar”. En que ayer otra amiga me cuestionó si mi celular era nuevo. “No, es el que compré después de que me asaltaron”. Hoy mi jefe me pidió estar pendiente del celular por si se necesitaba que fuera de emergencia al trabajo.
Siempre he creído que las cosas pasan por algo. Ahora veo que tomé riesgos, y que, por desgracia, es inseguro que traiga la compu de aquí para allá. Pero lo que más me deja reflexionando es que, mientras eso ocurría, había gente viendo. Les hice señas, vi que las vieron y no hicieron algo. Por colusión o por temor, pero hicieron nada. Yo no vi cómo podían sentirse amenazados –estaban a una distancia considerable –y como si nada. No voy a hacer usos del sobadísimo discurso de que en este país todo está de la verga (que lo está), que tampoco se puede confiar el la policía (que es cierto) y que ya no se puede vivir en paz (ídem); sino a que esto está así porque nosotros hemos hecho nada para solucionarlo. Todos. No nos importa la seguridad hasta que se nos toca. No se hacen marchas por la paz hasta que no hacen secuestros en perisur o santa fe. Nos ha dejado de importar el otro (si es que alguna vez nos importó). Y dudo mucho que eso cambie. Ahora me pregunto si yo haría algo si viera que están asaltando a alguien más, por lo menos llamar a la policía. En este momento digo que sí, pero la verdad es que en esos instantes cualquier cosa puede pasar.
PD. Si alguien se lo preguntaba, escribí esto en casa y me lo llevé en una USB a publicarlo desde un café internet.
